La necesidad de adelgazar la lente personal para ver de un modo más objetivo.
Según el Curso, la única realidad es el Amor Omnipresente de Dios. Todo lo que percibimos que sea distinto del Amor lo estamos poniendo nosotros. Por eso, el objetivo del Curso es despejar los obstáculos que nos impiden tomar conciencia de la presencia del Amor.
Ahora bien, ¿qué forma toman esos obstáculos? Algunos de esos obstáculos son las experiencias no digeridas que llevamos con nosotros. Cuando juzgamos o rechazamos algo, queda una huella en nuestra mente.1 La acción que no es limpia ni completa, que no está presidida por el amor, va dejando un residuo que no es amor; hay algo que le falta para ser amor perfecto. Cuando el Amor es completo, no queda peso en nuestra memoria. Puede quedar un recuerdo feliz, pero libre de carga, libre de peso por resolver. El recuerdo feliz no forma parte de la lente con la que miramos el mundo. No hay que volver a ese pasado para resolver nada porque ya está completo. Somos libres de él.
Ahora bien, ese peso psíquico que dejan atrás los actos incompletos, carentes de amor, supone una carga de culpabilidad que es la que define la identidad humana. La identidad humana está hecha de la separación de la totalidad mediante el anclaje de huellas de culpa o acciones incompletas, carentes de amor. Todas las acciones menos que amorosas van perfilando la identidad, esculpida sobre lo pendiente, lo incompleto.
Todo acto carente de amor espera ser redimido, puesto que el Amor es la naturaleza del Universo, y las partes de la experiencia que quedan fuera del amor esperan ser reintegradas en el flujo de la totalidad. Esculpimos en culpabilidad el perfil de nuestra identidad contra un fondo de amor. Nuestra biografía, nuestra historia, es la historia de nuestra debilidad, no de nuestra gloria.
En nuestra mano está perdonar, deshacer la culpa, disolver la identidad separada para recuperar el flujo de la identidad mayor. Cuando la Realidad es el Amor de Dios, la separación tiene que forjarse en contraposición al Amor, negando su vigencia y dando otra interpretación a los sucesos.
El perdón en sí forma parte de una ecuación muy simple:
Acción incompleta + perdón = Acción reintegrada al Amor, y por tanto completada y olvidada, u olvidable.
Cuanto mayor sea el saco de nuestra culpabilidad personal, más culpabilidad tendremos para proyectarla al mundo. Más gruesa será nuestra lente. Más tendremos que dotar de proyección de verdad a alguna creencia parcial, que arbitrariamente hayamos elegido para entronarla en la categoría de verdad.
Según lo anterior, parece evidente que tenemos la responsabilidad personal y colectiva de ser la mejor versión de nosotros mismos, la mejor persona que podemos ser. Tenemos la responsabilidad muy concreta de adelgazar el grosor de la lente de nuestras experiencias no digeridas a través de las cuales miramos y proyectamos inevitablemente el mundo. Tenemos una responsabilidad en descargar y deshacer la culpa con la que inevitablemente crearemos nuestra parcela de la realidad.
Miguel Iribarren
1 Un Curso De Milagros, Capítulo 3, sección VI, Los juicios y el problema de la autoridad.