Las grandes formas mentales y la individuación.
Las grandes formas mentales y la individuación.
Hoy estamos asistiendo a un choque de trenes anunciado. Los trenes chocan porque los conductores no quieren apartarse de su posicionamiento fijo, insistiendo en que es la realidad. Se trata así, independientemente de los bandos, de una realidad que trata de imponerse. ¿Sobre quién o sobre qué? Sobre la realidad misma.
La realidad es diversa, variopinta y cambiante, y tiene curiosas formas de manifestarse. Por una parte es muy subjetiva, responde básicamente a nuestro deseo. En muchas ocasiones, el deseo dicta que la decisión ya esté tomada: esta es la realidad que deseo, y no otra.
Las ideas aceptadas y repetidas, compartidas por muchos individuos, llegan a ser grandes formas mentales, poderosos arquetipos, como dioses, que cobran vida propia y exigen ser alimentados para sobrevivir. Estas grandes ideas han dado lugar históricamente al idealismo, vinculado al romanticismo. Y el idealismo se plasma en el deseo de “morir” por las ideas, de “morir por algo” más importante que el individuo, por algo más glorioso y colectivo. Curiosamente, parece que este idealismo nunca se expresa en positivo, en la forma de querer vivir por algo. ¿No nos convendría revisar y dejar atrás estas pesadas cargas del pasado?
La patria es una de estas formas mentales compartidas que adquiere una fuerza extraordinaria en la mente de quienes la comparten, apoyada en intensas vibraciones emocionales de coincidencia y propósito común, de unificación, aunque se trate de una unificación parcial.
Pienso que es más inteligente no ser seguidor de las grandes formas mentales, no dejarse arrastrar por ellas. Podemos revisar la parte de nuestra identidad que se identifica con una bandera, la parte de nuestra identidad que necesita esta pertenencia colectiva y abrirnos a la posibilidad de una respuesta individual.
Una respuesta más cercana y amable, menos emocional. Una respuesta concreta que tenga en cuenta lo próximo, la familia, los vecinos, la comunidad, sin perderse en ideales, en grandes proyecciones colectivas que no tienen más vida que la que toman de nosotros. Una respuesta más práctica y tal vez, como decía Colau, menos testosterónica, más femenina. Una respuesta personal y doméstica, minimalista, sin pretensiones. Una respuesta no alineada y, en este sentido, verdaderamente independiente.
¿Por qué no transformar un proceso político en un proceso de conciencia? Esta es una respuesta verdaderamente creativa. Las emociones más intensas no se resuelven dominando a otro, sino mirándolas dentro.
Miguel Iribarren
Foto Astrid Bennett