La existencia
La existencia
La existencia, en sí misma, ya es un hecho vivo y bendito. Ahora bien, pasa desapercibida. Para que sea relevante, para que se note, para que destaque, hay que ponerla frente a la inexistencia, su opuesto polar. Entonces, la existencia revela su luz. Lo relevante no es el ahora, sino la luz de la existencia. La existencia se extiende sobre un trasfondo de luz vivo y bendito, inexplicable. A esa luz de dicha absoluta de existir se le llama Dios.
Los humanos nos olvidamos de Dios porque entramos en la complicación de tener deseos y querer realizarlos. Pero la virtud está en la simpleza, en la simple existencia. Si queremos vivir, no podemos dar la existencia por hecha, sino maravillarnos ante ella.
La existencia evoca el momento en que se viene a existir, el estado de absoluta perfección en el que se toma conciencia de la existencia. La vibración de ese momento es muy alta y no puede ser borrada por aparente caída en la condición humana.
Los estados de dicha son estados simples, sin complicación. Podemos decir, en general, que la mente humana ha caído en la complicación y se ha olvidado de la dicha. Ahora, ¿cómo simplificar? La dicha apenas tiene contenido y tampoco parece tener causa.
La causa en sí es un invento humano, es un estilo de pensar y de interpretar la realidad, y es totalmente falaz, no es verdad. Las cosas no ocurren por una causa. La causa la ponemos nosotros. Las cosas se suceden por que sí, por la vitalidad de la existencia, por su propia iniciativa o Dios sabe por qué. De hecho, la causa no es necesaria. La vida basta. La explicación no añade nada. La clave está en existir, la simple existencia.
Miguel Iribarren
Foto Upslash Tom Barrett